jueves, 13 de mayo de 2010

Hasta que llegó su hora

La bala alcanzó el pecho de pleno. La muerte acariciaba a John, poco a poco, insinuándose. Y cada vez, con mayor intensidad. William, su amigo de infancia, su compañero de copas, su hermano de comisaría, se agachó. John agonizaba.

- William, muchas gracias por todo... quiero que sepas, que no soy digno de tu amistad, siempre te estaré agradecido.
- John, no, no digas eso.
- Ah, William, sí, es cierto. También, quiero que... ah, despídete de mi parte de Jennifer, dile que siempre la he querido, aunque a veces, no haya sido capaz de demostrarlo.
- No, John, ¡aún no puedes irte!
- William, William, amigo mío, me tengo que marchar, pero antes, por favor, prométeme que le dirás Rosewood que nunca quise abandonarle en aquel momento, no pude hacer otra cosa, no tuve elección... ah, me duele, me duele mucho.
- John, aguanta, te pondrás bien, no hables, te estás agotando.
- Me voy, William, me voy; veo una luz, veo una luz, y brilla, brilla intensamente; ah, William, amigo mío, otra cosa, por favor, otra cosa, Robert, ah, duele, duele mucho, dile a Robert, el pequeño Robert, que Jans no estuvo nunca implicado en la redada, su implicación fue idea de Fernandez, el pardo, el compinche de Rodriguez...
- ¿Cómo? John...
- Otra cosa, no te olvides de esto, por favor, no te olvides; verás, en la alacena de mi despacho, en la parte superior derecha, hay una pequeña caja de cartón, de color ocre, ligeramente envejecida, con aspecto deteriorado, pues bien, pídele a Mario, ah, que dolor, pídele a Mario que se deshaga de ella. ¡Que la tire bien lejos! No quiero que Jennifer la encuentre.
- ¡John, John!
- Ah, William, William, mi querido amigo.
- Tranquilo John, aguanta.
- No William, no, esto se acaba. El túnel solo tiene una dirección, solo tiene una salida. Pero antes, ah, antes, por favor, dile a Phillips, nuestro Phillips, el cabeza loca de Phillips, que siempre le he tenido un gran aprecio, que siento todas las discusiones, que le perdono todas sus locuras, sus manías, sus delirios, realmente en el fondo, sé que es una víctima, un amigo. Díselo, William, díselo. Ah, por cierto, otra cosa, Clara, la hermana de Robert, el pequeño Robert, dile a Clara que siempre la recordaré, que aquellas rosas que se encontró una buena mañana en la puerta de su casa, sí, eran mías, pero que nunca pudo ser, díselo, William, te lo pido. Pero no se lo digas a Jennifer, a ella no, ella no debe saberlo. ¡Ah! La herida, me duele.
- Pero...
- McCallagan, McCallagan, dile a McCallagan, dile que tengo el dinero de Roger guardado en el primer cajón de mi escritorio, justo debajo de la máquina de escribir. Pensaba dárselo, pero no había tenido ocasión, y ahora, ya no podré, pero dáselo tu, no te olvides William, no te olvides. ¡Morgan Carrisson! Ah, que dolor, William, un secreto, fue Morgan Carrison, quién derribo aquel bidón de lo alto de la azotea, en la primera operación antidroga que participaste, saliendo disparado e hiriendo de muerte a Harry Wilkinson y George Kloner, recién incorporados al cuerpo, con todas las ilusiones por delante... pero William, esto es un secreto, nunca dije nada, porque lo de Morgan fue un accidente. ¿Me entiendes? Ah, que dolor, no me queda tiempo, un suspiro, quizá.
- John, calla, por favor, necesitas tranquilizarte, vendrán ahora, vendrán a socorrerte, están de camino.
- Ah, William, no, no. Esto se acaba. Esto es el final. Solo quiero que sepas que te agradezco tu lealtad, tu amistad, ah, William, mi querido William.
- ¡John! ¡No, John!
- No puedo, no, William, no, no puedo irme sin revelarte que Michael Shering, el joven nórdico del distrito oeste, aquel que se creía un héroe, a la hora de la verdad, no hizo nada por salvar a la teniente Rebeca en aquel altercado en el club Melissa. ¡No hizo nada! Se quedó inmóvil, mientras cuatro borrachos apaleaban a la teniente; inmóvil, cabizbajo, ¡Cobarde, más que cobarde! Pero yo no lo dije, William, no lo dije. La mujer de Michael me convenció, y no pude delatarlo. ¿Me entiendes? No pude hacer otra cosa.
-¿Cómo? ¿Fue Michael...?
- Ah, William, ahora no. No le demos más vueltas. Por favor, ahora no. ¡Ah! Que dolor. Ahora sí, ahora sí... William, esto se acaba, esto se acaba. William, por favor, dile a Peter, mi hermano Peter, que le quiero mucho, que respeto su vida, aunque no siempre lo parezca, aunque he sido un cascarabias. Peter, Peter, perdóname, Peter...
- John, calma, estás delirando.
- Peter, Peter. Jennifer, maldita sea, Jennifer. Phillips, ¿Qué haces Phillips? No se lo digas, no se lo digas Clara, oh Clara... Ay, ¿porqué me duele tanto el pecho? ¡Me duele, me duele!
- Adios John, buen viaje.
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