martes, 6 de julio de 2010

Una tónica y una gaseosa, por favor

Que calor, madre mía, que calor -comentaba Juani con su amiga Nieves, en la terraza del bar Calvo, cerca del colegio de los niños-. Insoportable, eh, insoportable. Niño, ¡una tónica y una gaseosa! A ver si me escucha, que ya se lo he dicho tres veces. De verdad, que parece que no quieren trabajar, y encima yo no le veo hacer nada; de lado a lado, eso es lo que hace, ir de lado a lado pero sin hacer nada. Este nuevo no me gusta nada. No sé como el Calvo ha cambiado de camarero, con lo atento que era el jovencito aquel, el del cabello rizado, tan educado, siempre con una sonrisa en la cara, y rápido, porque era de rápido, madre mía, que le pedías la tónica y la tenías aquí en un santiamén. Este, ni caso. Parece que no te escucha, o que no quiere escuchar, diría yo.
Nieves, niña, que estás muy callada. ¿Qué te pasa, chiquilla? Que eras tu la que quería ponerse aquí en la terraza, que yo bien a gusto estaría dentro, con el aire acondicionado, y las sillas, que las de dentro son mucho más cómodas que estas, que son plástico malo, que parece que se vallan a romper en cualquier momento; vaya, que cuando menos te lo esperes me tienes con el culo en el suelo y enseñando las bragas a todo el personal, que te digo yo, que de estas sillas me fío menos que de mi marido. Mira, hombre, ya nos traen las bebidas. Ya era hora, que voy a tener una insolación aquí de tanto esperar. ¡Niño! Ya era hora, hijo, que un poco más y se nos caducan las bebidas. ¿Qué las has fabricado tu mismo ahí dentro? Por Dios, que desesperante. Espabila un poquito, ¿eh?, que la gente aquí viene a tomarse algo, y un poco más de tiempo esperando y los niños me están trabajando, y yo aquí, sentada, con cara de tonta. Madre mía, que calma que te traes.

Ay, ay, que calor, madre mía. Nieves, hija, deja la revista y habla un poco. Que parece que estás muda, cualquiera diría que te cobran por hablar; que es gratis. A ver, ¡Niño, trae la cuenta, que tenemos que buscar los niños! Ya verás Nieves, viste lo lento que iba para traer las bebidas, ¿no?, ya verás el interesado que rápido que nos trae la cuenta. Ni un minuto, y ya lo tenemos aquí con el plato. Si es que son, todos iguales, son todos iguales. Más interesados. En fin. ¡Niño! Yo no sé si me ha oído, yo diría que sí, madre mía, qué camarero, Dios santísimo, es que ni para traer la cuenta. ¡Niño, trae la cuenta, anda, que tengo que ir a recoger los niños! Ay mira, ya voy yo, que veo que si tengo que esperar que venga este... Ya ves tú, mira, ahora se pone a recoger la otra mesa, coño, eso ya lo harás después. Trae la cuenta hombre. Ah, ya me ha visto. ¿Me ha visto o no me ha visto? ¿Qué dices Nieves? Ay, calla, mira, que ya viene. Ya la trae.

Ay, que descuido. Oye niño, que le digas al Calvo que lo mío ya se lo pago mañana, que ahora no llevo suelto, ¿vale? Va venga, vamonos Nieves, que casi son las cinco. De verdad, vaya día, y ahora toda la tarde aguantando a los niños. ¡Ay, Dios mío!
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