martes, 7 de septiembre de 2010

A comer

¡Ricardo, llama a tu hermano que está en la habitación y dile que la comida está lista! Venga va, que esto se enfría y no vale nada. ¿Me oyes? ¡Ricardo, que llames a tu hermano! Ay, estos niños, de verdad, no sé como no me vuelvo loca. ¡Que después no queréis comer porque se os ha quedado frío! ¡Ricardo...!

[...]

Leñe, si no te quiere contestar abre la puerta, que no sé que leches hace ahí en su habitación tanto rato con la puerta cerrada. Ya ves tu, que estáis muy mal acostumbrados, hacía yo eso con mi madre y me giraba la cara de un guantazo. ¡Va venga, ábrele la puerta y dile que venga! Ay el niño, que miedoso, que no te va a hacer nada, que tu mucho quejarte pero después eres el primero en buscarle las cosquillas. ¡Ricardo! ¡Avisa ya a tu hermano coño! Que tengo aquí la sopa y las cocretas que ya no sé como decíroslo. ¡Venga ya!

[...]

Ay Ricardo, hijo mío, mira que eres tonto, ¿eh? Para lo que quieres, porque para otras cosas eres el más listo de la clase... Anda, anda, cazurro, déjalo, que ya le aviso yo, que a este paso en vez de comer váis a tener que cenar. ¡Tu siéntate ya en la mesa y no te muevas! ¿Me oyes? Va, venga. A ver, ¡Carlos! ¿Que coño estás haciendo que lleva tu hermano llamándote hace media hora? ¿Carlos? ¿Que te crees que soy tonta? Venga y no te hagas el dormido, que soy tu madre y te conozco como si te hubiera parido. Que se enfría la comida. ¡Carlos!

[...]

¡Rápido! Por favor, por favor... ay, que nervios, por favor, joder, que el niño no me respira, que está encima de la cama parado... ¡Una ambulancia por favor, una ambulancia!

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