domingo, 4 de abril de 2010

En siete días no se pueden hacer las cosas

Está claro que el primer caso de explotación laboral lo tiene el propio Dios a sus espaldas. Él mismo quiso finiquitar la creación de la tierra entera en tan solo siete días. Y claro, pasó lo que pasó: errores de producción, bajos niveles de calidad, incoherencias en la distribución, elementos inacabados, y un largo etcétera de erratas. Y que conste que ya hizo bastante, pero vaya, nadie le dijo que tenía que estar todo acabado en siete días, de hecho, se podría haber tomado unos cuantos más y haber hecho sus merecidos descansos para rendir más. Pero no, las ansias de acabarlo todo lo antes posible le pudieron.

Y claro, ahí tenemos a la pobre gallina, que la quiso moldear como un pájaro más, pero le salió un despropósito, y se dijo, bah, ya está bien. Claro, ya está bien. Díselo a ella. Pobre. Le pones plumas, paticorta, un cuerpo de botijo, y unas alas que dan pena. La desgraciada tiene lo peor de un pájaro, y encima ni vuela. ¿Y realmente esperabas que sobreviviera en estado salvaje? Al final solo sirve para poner huevos y hacer rico al señor Kentucky.

¿Y qué me dices del oso panda? Porque si la gallina no tiene demasiado sentido, ya me dirás el pobre panda. Gordo, lento, y torpe. Lo metes a vivir en medio de la frondosa y verde selva, pero para putearlo aún más lo pintas de blanco y negro. Eso, encima que es limitadito moviéndose, que se vea bien de lejos. ¿Para qué le vamos a dar la posibilidad de esconderse, no? Pero ahí no acaba todo, no. Aún es posible amargarle más la vida. Aún es posible arriesgar su supervivencia un nivel más. Pues venga, le damos la alegría de una dieta a base de bambú. Ahí, todo el día comiendo cañas, una detrás de otra, que aportan menos calorías que el mismísimo aire que respira. Y venga, el último detalle: que resulte tierno y apetecible para el ser humano, para sus zoológicos y demás injusticias. Vaya, que ahí lo tenemos como icono universal de los animales en peligro de extinción. ¿Y qué esperabas? ¿Qué con las noblezas que le otorgaste fuera el nuevo amo del mundo? No sé qué hiciste con ese trozo de arcilla, pero te despachaste a gusto.

Imagino también que ni siquiera hiciste un buen ejercicio de pre-producción. Vaya, que te pusiste manos a la obra sin hacer un planteamiento como es debido. Ni siquiera un croquis o una pequeña lluvia de ideas. Ni te pasaron un briefing, ni guión, ni nada de nada. Pensaste, ya irá saliendo. Pues mira, empezaste a poner arbolitos, plantas tropicales, rocambolescos pasajes, enormes montañas, rocas con formas de esto y lo otro, un bonito río, un mar descomunal, patatín y patatán. Y claro, te quedaste sin arcilla antes de tiempo. Pues bueno, aquí pondré un desierto. ¡Ja! Me río yo del desierto. No te lo crees ni tú que tenías en mente dejar ahí una zona pelada, desnuda, y más vacía que el cajón de ofertas de empleo. Fue un error de logística, de previsión, y te quedaste tan ancho.

Pero no te culpo. El empleo está fatal, y pasa lo que pasa cuando se trabaja así. Y mira, ahora pasa lo mismo. O sea, que como ves, las cosas no han cambiado demasiado. No, todo sigue igual.
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