domingo, 28 de febrero de 2010

Los niños viejos

El otro día iba en el metro, muy contento y entusiasmado, de camino al trabajo. Próxima parada: el Clot, sonó con excelente calidad por megafonía. El metro frenó con un brusco movimiento y se abrieron las puertas. Entonces, bajaron en esa parada varias personas radiantes de felicidad por poder comenzar una nueva jornada laboral, y subieron otras tantas alegres de saber que iban a coger el metro destino a su trabajo. En ese momento de éxtasis general, bajé la mirada y vi un niño que acababa de entrar con su madre. ¡Era un niño viejo!

Sí, sí, un niño viejo. Me explico. Los niños viejos -como suelo denominarlos por gracia divina- son aquellos pequeños, que a pesar de su corta edad, tienen facciones o rasgos que nos hacen recordar a personas de edad más avanzada. Es decir, son niños en medida y proporciones, pero personas mayores en rostro. Parecen adultos insertados en cuerpos pequeños. O niños sacados del videoclip Come to daddy de Aphex Twin. Bien, tanto no, pero conservando cierto mal rollo. Son niños, que además, los visten menos como niños, y más como pequeños prototipos de abogados, bibliotecarios, o comerciales. Y uno se plantea, ¿Y cuándo sean mayores? Pues intuyo que serán casi iguales, pero con sus medidas y proporciones correspondientes. Pero claro, no he podido hacer el seguimiento a ninguno de ellos; todos los que he visto han sido experiencias fugaces, sin ningún tipo de reiteración en diferentes edades. Pero vaya, que aún así, yo descartaría la opción de reencarnación de un adulto en un cuerpo pequeño como me dijo un amigo; o la teoria de qué pertenecen a otra variante genética. La cuestión, es que son niños viejos. Y están ahí.
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