jueves, 25 de febrero de 2010

Reincidentes

Antes de nada, quiero aclarar que en este relato, totalmente real, descartaré poner nombres reales. Pero eso sí, que sepáis que es real.
Corrían los años 30, 40, 50, 60, 70, o 80, da lo mismo. Phillip Williamson se escondía, bien arrodillado, detrás de un buzón observando a una mujer mayor que pasaba por allí. Phillip, con la mirada fija, y las cejas bien acurrucadas, saltó de repente y estiró el bolso de la anciana; ¿Resultado? Se llevó un pintalabios, un monedero con cinco reales y 3 estampitas, y una bolsa de caramelos de anís.

Más al este, en otra ciudad que ahora no recuerdo, Rodolfo Peterson Smith entró en una tienda de alimentos. Al llegar, preguntó por si tenían aceitunas rellenas de anchoa. La dependienta le dijo: -Sí, en ese pasillo a la derecha-. Rodolfo la miró mal, muy mal. Seguidamente le dijo que se había equivocado, que buscaba un tarro de alcaparras. -Sí, en frente de las aceitunas de anchoa- le respondió la joven dependienta. Rodolfo, nuevamente la miró mal. Pero está vez mucho peor. Acto seguido, Rodolfo volvió a disculparse, de malas maneras, dicho sea de paso, y le preguntó por las albondigas en lata. La chica, extrañada pero muy paciente, le respondió: -Sí, al lado de las alcaparras, como a 3 metros más al fondo-. Ahora Rodolfo ya estaba muy cabreado. Y volvió a preguntar por otro alimento. La joven volvió a responder. Rodolfo se iba cabreando más y más. Pero seguía preguntando. Y la joven, contestando. ¿Resultado? Rodolfo robó a la joven dependienta 15 minutos hermosos de su vida y encima se metió en la chaqueta un paquete de chicles Cheiw.

Más al norte, pero no demasiado, Federico Perez Strauss se encontraba dispuesto a comprar un boleto a un niño que los vendía para costearse el viaje de fin de curso. El niño le ofreció el boleto, y Federico lo aceptó. ¡E incluso le pidió 4 boletos más! El niño muy contento se los entregó. Federico, con una sonrisa maliciosa en su rostro, le dijo que iba un momento a buscar dinero para pagárselos; que se había dejado la cartera en casa. No cabe decir que Federico nunca regresó. ¿Resultado? El niño nunca pudo ir de viaje de fin de curso, y entre una cosa y otra -influencias, malas compañías, drogas, videojuegos satánicos, Heavy Metal, etc.- acabó sin conocer la edad de 30 años. A Federico, encima le tocó el viaje del premio.

Más al sud-oeste, en un pequeño pueblo costero, Marisa Norcoa se encontraba sentada en un banco del parque. Un matrimonio se le acercó y le pidió que si podía vigilar la bicicleta del niño unos segundos, mientras lo llevaban al lavabo público para orinar. Marisa, rápidamente dijo que no había ningún problema. Cuando el matrimonio regresó del baño con la criatura, Marisa no estaba. Pero lo peor, la bicicleta tampoco. ¿Resultado? Marisa se llevó la bicicleta, la pintó de otro color y la revendió en un mercadillo; para colmo, el mismo matrimonio volvió a comprar la bicicleta sin saber que era la suya.

Pero estos ladrones, estafadores, o malas personas, un buen día fueron detenidas por la policia, e ingresados en prisión. De los 15 años de condena, cumplieron 4 meses. Al salir, aseguraron que no volverían a hacer fechorías. Y fundaron la Sociedad General de Antiguos Estafadores. ¿Resultado? Fueron mucho peores.
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