
Me había despertado por si solo, ni tuve que esperar a la señal del despertador. Después me fui para la cocina. La cafetera estaba limpia, y el tarro de café, repleto. Preparé la cafetera, calenté algo de leche, y de inmediato me fui a desayunar sentado en mi sofá. Que maravilla. Reitero: que maravilla.
-Voy a ver las noticias- me dije. Encendí la televisión desde el mismo sofá (si claro, estaba en standby, aunque ya sé que no es recomendable). Y venga. A tragar cereales sentado como un rey y conocer como se despierta el día. Que maravilla. Bueno, que maravilla hasta que en las noticias dijeron: "buenos días, son las 9".
¿Las 9? Ale. con razón me desperté sin necesidad que sonara el despertador. Se había quedado parado a las 8.00h, 10 minutos antes de la hora que puse para despertarme. Total. Que venga. Me levanté hecho nervios. Tragué como un loco la leche y los últimos cereales; me entró por el otro lado. Me tuve que dar fuertes golpes en el pecho mientras preparaba la ropa para vestirme. -Ya no me da tiempo a ducharme, que rabía-. Me vestí a toda prisa, me peiné, como quién dice, a mano alzada. Cogí el abrigo y cerré de golpe. Entré en el ascensor. -¡Mierda, las gafas!- Volví a entrar en casa. Cogí las gafas, y nuevo portazo. Fui corriendo para la parada de metro. Bajé las escaleras, busqué mi billete y... -ah, que bien, me he dejado la cartera en casa-. En fin, un gran día.
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