jueves, 4 de marzo de 2010

Barcelona y sus nuevos contenedores; la alegría de no poder tirar la bolsa

No os podéis imaginar lo que me ha costado buscar un título para este artículo -bueno, unos 5 minutos-. Tenía tantas opciones que al final me ha salido un título un tanto largo. Pero creo que explica bastante bien lo que viene a continuación. Pero vaya, vamos a lo que vamos.

La cuestión es que como dice el eslogan, yo "Visc a Barcelona!", o sea, que vivo en Barcelona. Y hace un par de meses nuestro querido ayuntamiento cambió todos los contenedores de la ciudad y la empresa encargada de la limpieza -las malas lenguas dicen que es la misma, pero que ha cambiado de nombre y ha pintado sus camiones y furgonetas-. Esto ya se anunció a bombo y platillo; se anticipó como el gran cambio; la nueva manera de entender los residuos; la gran Barcelona iba a realizar un gran paso.
Pero dos meses después, por lo menos los contenedores que yo tengo por mi zona -sé que hay dos modelos diferentes, repartidos entre zonas guays y zonas no tan guays, siendo estos últimos los míos-, han perdido fuelle. ¿A que me refiero? Pues que en tan solo dos meses, pisas la palanquita para que se abra la tapa, y la pobre ya casi ni se abre. Te deja un espacio que ni siquiera cabe tu bolsa, y para colmo, tienes que ayudarte de tus manos para acabar abriendo ese contenedor revolucionario -el sistema de pisar la palanca, lo nunca visto oye-.

Así pues, yo me pregunto: ¿Quién cojones diseñó estos nuevos contenedores? ¿Esta era la revolución? ¿Que en dos meses los pobres ya casi ni se abren por obra de la palanquita divina y tengamos que hacerlo manualmente? De verdad, a veces creo que los despropósitos son un requisito para formar parte del entramado público. Es que yo, me imagino a los diseñadores de los contenedores, en tardías reuniones, fumando y haciendo lluvía de ideas entre todos; paseando por parques, buscando inspiraciones; viendo exposiciones en el Macba y galerías contemporáneas del Raval. Pero después, sin que ninguno piense en probarlos durante unas semanas. Vaya, lo que se llama testear un producto.

En fin, una gran inversión. Nos gastamos un dineral en cambiar la flota y todos los contenedores, pero si después no cabe ni la bolsa: -¡Ah! Todo no se puede tener en esta vida...
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