jueves, 4 de marzo de 2010

La aventura del supermercado, 1ª parte

Después de una larga jornada laboral, ¿Hay algo mejor que adentrarse en la maravillosa aventura de ir a comprar?

Ah, el supermercado. Esa gran selva alimenticia. Repleta de personas hambrientas de líos, de bullas, de hostilidad. Esas colas repletas de agresividad y mala leche. Miradas penetrantes. Movimientos cortos pero precisos. -Estaba yo primero. -¿Me deja pasar, solo llevo esto? Estrategia posicional, estrategia emocional. Todo un ritual que se mejora año tras año; y es que ahí están muchas personas de avanzada edad demostrando toda la experiencia; todos esos años de supermercado al máximo nivel.
Ese cesto o carro que está en la cola, pero nadie sabe de quién es. Y justo en el momento que, definitivamente, parece que no tiene dueño, en el último momento, aparece el maestro -no nos engañemos, mayormente del sexo femenino- para declarar que es de su posesión, y por lo tanto, tiene derecho a colocarse en ese sitio. ¡Esto es estrategia, que aprenda el ejército español!

Y qué decir del uso del engaño, del acercamiento al enemigo, de ganarse su confianza, y después... ¡Zas!
-Perdón, ¿me deja pasar?, solo llevo el Nesquik para el niño...
-Sí, claro, pase.
Ja, qué gran error. ¿De verdad creías que solo llevaba el Nesquik? No. Acto seguido, te das cuenta que había un punto muerto en tu campo visual. Sí, llevaba un Nesquik en la mano izquierda. Pero en el brazo derecho, como por arte de magia, aparecen más productos: la barra de pan, los huevos, el jamón york, y la leche. Pero ya es tarde. Está delante tuyo, y no puedes reaccionar. Te la han colado amigo. Y por mucho que mires a la cajera con cara de incredulidad, como esperando que te reconduzca la situación, sabes que ella no moverá ni el más mínimo dedo por ti. Que le das igual. Que sencillamente quiere acabar su jornada y llegar a casa.

Es la ley del supermercado, y solo sobrevive el más fuerte.
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